.

07 octubre 2008

Poesía: "Oh!, brisa de la desgracia"

Sentado un día en la parada,
esperando mi autobús,
pensé mientras llegaba:
"¡¡Coño, el metro-bus!!"

Saqué así mi monedero
para poder pagar,
preparándome el dinero
que al busero le iba a dar.

Saqué un billete de veinte
esperando obtener cambio,
pero un soplo, de repente,
se los llevó volando.

Corrí tras mi dinero
que el viento se llevaba.
Corrí y corrí el primero
por si alguien me los robaba.

Giré la esquina en una vuelta
y tropecé con una abuela...
Va la vieja y me suelta:
-"Uy, que se te vuela!"

Mis euros se me iban
volando en la lejanía.
¡¡Y como se los llevan!!
Por más que yo corría.

De pronto, descendieron
y perdí todos mis miedos.
Por un momento acariciaron
la punta de mis dedos...

Y ya pensando recuperar
el tan preciado billete,
un gran salto fui a dar
sin ver que había un poyete.

La mala suerte quiso
que detrás hubiera un hierro.
Y al lado, en el piso,
una gran mierda de perro.

La caída fue importante,
del golpe no me acuerdo.
Pero sí que vi a al instante
que acabé como un cerdo.

Me hice daño en una pierna,
perdí toooooodo el dinero,
y en la mano, con mas mierda,
que el palo d´un gallinero.

24 septiembre 2008

Despierta

¿Estás sentado? … no sé. Parece que te has quedado dormido en esa postura. Estas tan a gusto que no puedes moverte.. o quizás sí, pero no quieres. Si fuera por ti permanecerías en esa posición tan cómoda por siempre, apoyado en un suave respaldo, sin saber muy bien donde tienes los brazos, porque casi no los sientes.  A decir verdad en este momento no te importan… No sabes dónde estás metido, ni recuerdas por qué has acabado allí.

Es un estado próximo al sueño. Pareces flotar en el vacío y sólo percibes el ruido de la lluvia de fuera.

Desde fuera también se oye un acompasado ritmo que parecen las pulsaciones de tu corazón, en un compás constante. A cada golpe tu oído palpita como lo harían tus pulsaciones en el tímpano, y esperas inevitablemente a que llegue el próximo… y el siguiente… y el otro… sin que puedas controlarlo. Y sin poder evitar que todo se convierta en un zumbido.

Pero lo que realmente llama tu atención es otra cosa. Tu mirada está fija en la curiosa formación de perlas que hay frente a ti. Son de color rojo fuego, casi cegador, de un brillo hipnótico y de formas irregulares, todas ellas parecidas pero distintas. Como si estuviesen pegadas a la pared.

Parece que es de noche, o puede que el brillo de las perlas confunda y todo a tu alrededor quede difuminado en el olvido. Estás definitivamente encandilado por ese rojo tan intenso que se hunde en tu retina al compás de las pulsaciones, y simplemente crea esta sensación placentera en la que estás, y te hace olvidar todo lo demás  y sólo piensas en lo relajante que resulta quedarse ahí mirándolas.

Sin avisar, todas tus perlas cambian repentinamente al unísono al color verde. Un verde brillante que rompe tu sueño por la brusquedad del cambio. Parece que ya recuerdas dónde estás. Ya te acuerdas de todo. Te das cuenta como la lluvia sigue cayendo en tu parabrisas, y oyes el chirrido de la goma de las escobillas que continúa, en un lento compás repetitivo, arrastrándose de un lado a otro. Ahora que el semáforo ha cambiado, y vuelves a sentir tus manos sobre el volante, continúas tu camino gris…